Quiénes son los Musulmanes

a_quienes_musulmanesEl islamismo es el mayor desafío que enfrenta la iglesia cristiana. Se estima que hay 1.000 millones de musulmanes, casi el veinte por ciento de la población mundial. El islam surgió cuando Mahoma, buscando distanciarse de los cristianos y de los judíos, fundó una religión árabe y se lanzó a “conquistar el mundo para Dios”. Actualmente esta religión domina cuarenta y siete países y tiene una presencia minoritaria en setenta y cinco.

El islam pretende conquistar el mundo para Alá. Es por eso que quiere reprimir a cristianos y judíos dondequiera que los encuentre. Sin embargo, ¡hay musulmanes que se están convirtiendo a Jesucristo! En Indonesia, en Bangladesh y en Africa Occidental miles de ex musulmanes están siendo transformados por el evangelio; incluso en países cerrados como Irán, Iraq, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán. ¡Ahora es el tiempo de la cosecha!

 

Un vistazo a la religión

El islam empezó en la península arábiga con un hombre llamado Mahoma, quien nacióen La Meca en el año 570 de nuestra era. A la edad de cuarenta años comenzó a tenervisiones que duraron casi por veintidós años, hasta su muerte acaecida en el 632.

Mahoma pertenecía a una tribu idólatra en la cual unos pocos hombres eran monoteístas. Ellos declararon ser descendientes de Abraham a través de Ismael; no eran ni judíos ni cristianos. En el año 610 Mahoma comenzó a tener “visiones”. Su esposa Jadiya y su sobrino Waraqa lo convencieron de que aquéllas significaban que Dios lo estaba llamando a ser profeta.

Después de tres años Mahoma empezó a recitar lo que escuchaba. Estas recitaciones consistían en una invitación a dejar la idolatría para seguir al único y verdadero Dios. Al hacer esto, Mahoma estaba bosquejando muchos deberes y prácticas religiosas que más tarde serían parte de las doctrinas del islam.

Mahoma también predicó sobre temas éticos, tales como la ayuda a las viudas, a los huérfanos, a los pobres, la honestidad en los negocios, el no matar a las niñas el día que nacían y reglas para la pureza sexual y el matrimonio. Enseñó que un hombre podía casarse hasta con un máximo de cuatro esposas (esta fue una mejora importante en relación a las costumbres árabes de aquel tiempo).

Después de seis años de predicar de esta forma (613 al 619) comenzó a crecer la oposición por parte de los ricos. La clase alta, formada por los comerciantes de La Meca, controlaba la venta de ídolos que se veía amenazada por las predicaciones de Mahoma. En junio del 622 emigró a Medina aprovechando una invitación de las tribus árabes de ese lugar, pues su vida corría peligro.

El comienzo oficial del islam fue en el año 622, cuando Mahoma, además de declararse profeta, obtuvo poder político. La comunidad de creyentes en Mahoma crecía grandemente y sus adeptos recibieron el nombre de musulmanes. Durante los diez años anteriores a su muerte, Mahoma dejó a sus seguidores enseñanzas administrativas, políticas y religiosas que posteriormente se resumieron en un libro llamado Corán. Además del Corán, empezaron a crecer las tradiciones orales llamadas Sunna, o Tradición Viviente. La Sunna fue recopilada y editada en varios volúmenes que recibieron el nombre de Hadiz. Estos volúmenes contienen más de siete mil proverbios de Mahoma.

El Corán tiene una extensión aproximadamente equivalente a dos tercios del Nuevo Testamento y está dividido en ciento catorce capítulos (suras).

 

Creencias y prácticas

Con la vida y las enseñanzas de Mahoma empezó un movimiento de doble filo: el político y el religioso (el islam no hace diferencia entre ambos). En lo religioso, la esencia del islam puede dividirse en dos categorías: las creencias (iman) y los deberes (din). En realidad hay cientos de puntos en cuanto a las creencias y miles en cuanto a responsabilidades. Por una cuestión práctica han resumido estas categorías en seis artículos. Los detallamos a continuación:

Las creencias del islam (iman)

Hay un solo Dios. él no tiene socios, no existe la Trinidad. él no engendra como los humanos; por eso Dios no puede tenr un Hijo. Es absolutamente soberano, responsable por todo lo que sucede, y por lo tanto, esto lo hace también autor del mal.

Dios creó a los ángeles. Estos ángeles están en todas partes; uno de ellos se ubica a la derecha de la persona para anotar las buenas acciones y otro a la izquierda para anotar las malas. En el día del juicio estos recordatorios serán expuestos, y según ellos la persona se salvará o condenará. Satanás anteriormente fue un ángel pero fue convertido en un demonio porque desobedeció a Dios rehusando adorar a Adán. Esta especie de demonios (yin) son una clase de seres sobrenaturales que supuestamente fueron hechos de fuego. Ellos pueden poseer a los humanos.

Dios levanta profetas para cada época. Esta línea empieza con Adán e incluye muchos profetas bíblicos: Noé, Abraham, Isaac, Ismael, Jacob, José, David, Salomón, Jonás, Zacarías (padre de Juan el Bautista), Juan el Bautista, Jesús, un par de profetas no bíblicos de Arabia y, finalmente, Mahoma. Dentro de este esquema, Jesús es solamente un profeta y Mahoma es el último y más grande de todos; él es el “sello de los profetas”.

Los libros sagrados. Cada profeta ha recibido de Dios un libro santo; desde Adán hasta Mahoma han existido ciento veinticuatro mil profetas. Todos sus libros se han perdido a excepción de cuatro: la Torá (ley de Moisés); el Zabur (salmos de David); el Inyil (evangelio de Jesús); y por supuesto, el Corán (recitación de Mahoma). Según el islam estos libros ya existían y fueron dictados por un ángel, poco a poco, a cada profeta a medida que fueron necesarios en cada evento de sus vidas.

El día del juicio. Dios juzgará al mundo en el día final. Las buenas acciones de cada quien serán pesadas en una balanza junto con sus malas acciones. Un maravilloso paraíso de jardines, árboles frutales, riachuelos, ríos de vino, y vírgenes de ojos negros será la recompensa para aquéllos cuyas buenas obras pesan más que las malas; en caso contrario, las malas obras serán castigadas en un cruel infierno.

Los decretos de Dios. Todo está determinado por un Dios soberano. él es responsable de todas las cosas, incluso del mal. él desecha o guía a quien él quiere; nadie puede resistir sus decretos en ningún punto.

Los deberes del islam (din)

La confesión del credo (shahada), es decir: “No hay otro Dios sino Alá y Mahoma es su profeta.” Esta declaración convierte a cualquier persona en musulmán; si alguien renuncia a esta fe, debe morir.

La oración (salat) es un ritual que se realiza cinco veces al día: antes del amanecer, al mediodía, en la tarde, al atardecer, antes de dormir. Esto debe ser hecho en árabe y en la forma en que Mahoma lo hizo y lo enseñó.

Las limosnas (zakat) es un mandato de dar el 2,5 por ciento de los ingresos a los pobres o a causas religiosas; también se motiva la limosna voluntaria (sadaca).

El ayuno (sawm) se realiza durante el mes lunar de ramadán (treinta días). No es un ayuno completo; es desde el amanecer hasta la puesta del sol. Supuestamente, durante el ayuno se debe estudiar el Corán; y durante la noche, leer una tercera parte del mismo.

La peregrinación (hach) consiste en ir a La Meca, caminar siete veces alrededor de la Casa de Dios (Kaaba), apedrear al demonio, decir sus oraciones en la estación de Abraham, tomar agua del pozo de Zamzam en memoria de Agar e Ismael y muchos otros ritos. Es obligatorio una vez en la vida para todas las personas sanas.

La guerra santa (yihad) es el deber de pelear por la causa de Dios. Unos pocos musulmanes, especialmente en el Occidente, tratan de decir que esto no es un deber, pero el Corán lo enseña; Mahoma lo practicó, y se practica hasta hoy. Convencido de que el islam es la religión verdadera, Mahoma, su último y más grande “profeta”, enseñó que habría que conquistar al mundo por cualquier medio: guerra, predicación, presión económica o coerción. Por lo tanto, cada musulmán está obligado a luchar hasta que el islam sea la única religión del mundo.

 

Variedades del Islamismo

Existen muchas sectas en el islam. Por ejemplo, la primera división surgió porque algunos creían que el sucesor de Mahoma debía ser un líder elegido democráticamente mientras que, para otros, debía ser un integrante de la familia o descendiente sanguíneo.

Los sunnitas, llamados así por seguir el Corán y la Sunna, escogieron la vía democrática. La máxima autoridad está en las fuentes escritas: el Corán y el Hadiz. Se basan en ley Sharía, que considera todos los aspectos de la vida humana.

Los chiítas creen que Alí (primo y yerno del profeta) y sus descendientes son los únicos sucesores legítimos. Para ellos la máxima autoridad está en el imam y en los ayatolas actuales. Creen que una luz divina ha estado sobre cada uno de los líderes, desde Mahoma hasta el ayatola Komeini. Los chiítas constituyen un gran movimiento de protesta, de mártires, y consideran que su héroe Hussein, el hijo de Alí, murió e intercede por ellos. Para los chiítas, la palabra de un ayatola es ley que debe ser cumplida.

Los sufis son místicos; buscan el contacto directo con Dios (Alá). Aceptan la Ley, pero no soportan vivir en la sequedad y esterilidad de ella. Han fundado muchas escuelas de disciplina en las que un devoto puede alcanzar la “unión con Dios”. Les gusta la música religiosa, la poesía y el baile; participan en todos los ambientes sociales. El sufismo hace que la experiencia religiosa sea accesible para toda la gente común pues los ritos se llevan a cabo en la lengua del pueblo. Lo principal es haber tenido una experiencia de éxtasis.

El islam popular (expresión usada por los no musulmanes) consiste en prácticas de religiones animistas o espiritistas bajo la cobertura del islam. Estos musulmanes creen en la presencia de ángeles, demonios, espíritus, o del mismo Satanás en todas partes. Su meta es contenerlos y derrotarlos o emplearlos para alejar el mal y atraer el bien. Las prácticas religiosas del islam popular varían en todo el mundo.

Los musulmanes secularizados, como podemos imaginar, son aquéllos que han diluido la fe islámica del siglo VII con las ideas occidentales del siglo XX. Están incluidos en este grupo los que dicen que Mahoma predijo el desarrollo del mundo occidental y lo menciona en el Corán; y también los marxistas que están disgustados con todas las normas musulmanas actuales y desean reformarlas de acuerdo con la teoría comunista.

Los ahmadias son llamados así en honor a su fundador, Ghulam Ahmad Mirza. Al final del siglo pasado, Ahmad se presentó como el profeta enviado a purificar el islam. Decía ser la reencarnación de Cristo y del dios Krishna de la India. Técnicamente, los ahmadias no son musulmanes, pero sí, muy anticristianos. Tienen argumentos intelectuales y buscan debatir sus ideas con personas de otras religiones, especialmente cristianos. Aunque el número de adeptos es pequeño, se encuentran en todo el mundo musulmán, excepto en el Medio Oriente.

La militancia islámica es un movimiento creciente de musulmanes desilusionados con los líderes más modernos. Quieren volver a las raíces islámicas del siglo VII, imponiendo sus ideas en los países musulmanes y eventualmente en todo el mundo. No se encuentran en un solo país, ni están organizados como grupo; más bien se relacionan espontáneamente por regiones a fin de devolver al islam su gloria anterior.

 

Conflictos etnopolíticos

De ninguna manera podemos decir que el islam es homogéneo. Según Richard V. Weeks, hay 408 grupos etnolingüísticos de musulmanes. Muy pocos países tienen solamente un grupo étnico. Quizás Bangladesh se aproxime a esto, ya que su población está formada por un 82 por ciento de bengalíes. En cambio Indonesia, el país musulmán más grande del mundo, tiene por lo menos cuarenta grupos étnicos (otras fuentes dicen que son cientos).

En algunos países, y especialmente en Pakistán, las rivalidades étnicas amenazan con producir divisiones: punjabis contra patanes, baluchis y sindis, sindis contra muhajaris, etcétera. También son muy conocidos los escándalos raciales en Asia Central, por ejemplo, entre uzbekos y kirguises, y uzbekos con tayicos. Seguramente no son sólo problemas raciales, sino también desacuerdos económicos los que polarizan a estas etnias.

 

Consideraciones políticas

La mayoría de los musulmanes no aceptan vivir sometidos a un gobierno que no sea islámico, pues esto va en contra de sus principios. Por tal motivo, luchan para obtener la autonomía que les permita gobernarse a sí mismos según la ley islámica. Esto trae como lamentable consecuencia una gran cantidad de conflictos políticos, algunos de los cuales mencionaremos a continuación.

No cabe duda de que, actualmente, el problema más grande en el mundo musulmán es el enfrentamiento entre Israel y los palestinos. El islam es una religión política, por eso los musulmanes esperan que todo el mundo se una a ellos en contra de Israel y su principal aliado, los Estados Unidos. En esta difícil situación, nos inclinamos a favorecer los derechos humanos y la justicia.

Por cuarta vez, India y Pakistán están a punto de ir a la guerra a causa del aún pendiente problema de Cachemira. Otro ejemplo es la larga guerra que lleva cuatrocientos años en el sur de las Filipinas, donde los musulmanes continúan presionando para obtener su autonomía. En Afganistán, los problemas entre el gobierno comunista en Kabul y los “luchadores de la libertad” han provocado una guerra entre las tribus, debido a los campos de marihuana y el tráfico de drogas.

La reciente guerra entre Irán e Irak ha dañado como nunca antes la imagen inofensiva del islam. Debemos añadir que ambos países han tenido que enfrentar simultáneamente la lucha por la independencia de un grupo musulmán minoritario que vive dentro de sus fronteras: los kurdos. Algo semejante sucede en Turquía con este mismo grupo. Los kurdos constituyen uno de los grandes problemas sin resolver. Es un pueblo sin país propio, que vive en la zona fronteriza de Irán, Irak, Siria, Turquía y la ex Unión Soviética. Ninguno piensa en la paz.

Ha sido bien documentado el genocidio de Turquía contra los armenios a principios de este siglo. Recientemente, las atrocidades cometidas por los azerbaiyanes y los armenios contra su propia gente de la ex Unión Soviética han abierto viejas heridas entre estos pueblos. En Sudán, los musulmanes radicados en el norte tratan de imponer la ley Sharía sobre los no musulmanes en el sur. Esto provocó la guerra civil que continúa desde hace casi veinte años hasta hoy.

La provincia musulmana de Eritrea ha logrado su independencia del gobierno de Etiopía. Etiopía también ha tenido una reciente batalla con el pueblo tigre de la Somalia musulmana. En la región situada al sur del Sáhara, Chad ha tenido dos guerras civiles. En la primera, los musulmanes luchaban contra los cristianos; en la segunda, contra otros musulmanes de su mismo país apoyados por Gadafi, de Libia. Argelia y Marruecos han llegado a un acuerdo luego de una cruenta guerra por el control de la República Islámica (saharaui) del Sáhara Occidental. Jordania y Siria han tenido que dedicarse al problema de los refugiados. También Siria ha sufrido revueltas internas que han dejado un saldo de miles de muertos.

En diciembre de 1971 Pakistán fue dividido por una terrible guerra entre dos etnias musulmanas: los punjabis, establecidos en el oeste y los bengalíes, en el este del país. Bangladesh nació como consecuencia de este conflicto; tal vez las heridas de esta guerra nunca lleguen a sanarse. Probablemente la más trágica de todas es la historia del Líbano, en otro tiempo un país realmente hermoso. Lo que allí comenzó como una guerra entre diversos grupos musulmanes, pronto se convirtió en hostilidades entre Israel y los musulmanes libaneses, entre musulmanes y cristianos, y finalmente, entre cristianos y cristianos.

Además de todos los ejemplos que hemos citado, podemos agregar que el movimiento fundamentalista musulmán ha ganado el control en Irán, Sudán y Arabia Saudí. En otros países, los gobiernos moderados cedieron a la presión por institucionalizar la ley Sharía, por ejemplo, en Pakistán, Bangladesh y Malasia. También en Argelia y Egipto, este mismo movimiento amenaza con manipular las elecciones o con provocar brotes de violencia.

Todo lo anterior es importante por varias razones. Primero, es sabio conocer qué está sucediendo en los países a los cuales deseamos enviar misioneros o en los que esperamos capacitar a cristianos que viven allí para que alcancen a sus vecinos musulmanes.

Segundo, es bueno tener en mente que este patrón de violencia, y los consecuentes efectos de la posguerra, tales como el dolor por la muerte de familiares, la ruina económica, la pérdida de bienes, el hambre y el convertirse en refugiados, han socavado la confianza que muchos musulmanes tenían en el islam. Occidente, por ejemplo, está recibiendo gran cantidad de refugiados políticos y económicos de todo el mundo islámico. Esto representa una gran oportunidad para predicar a Cristo y alcanzarlos, pues en Occidente no se encuentran bajo el control de sus gobiernos totalitarios y anticristianos.

 

Creciente receptividad

Los musulmanes desilusionados que permanecen en sus tierras manifiestan una creciente receptividad al evangelio.

Durante mis viajes he escuchado comentarios de amigos y conocidos musulmanes tales como: “Venga al Líbano, estamos listos para la cosecha”; “Es tiempo de siega en Irak”; “En Irán, muchos musulmanes se están convirtiendo a Cristo y las iglesias están llenas de musulmanes inquietos”; “Hay una sorprendente receptividad ahora entre los musulmanes del norte de Sudán”; “Argelia ha visto gran cantidad de bereberes convertirse al Señor”; “Los musulmanes de Asia Central, tanto en China como en Rusia, se están convirtiendo y se están formando pequeños grupos de seguimiento”; “En Indonesia un número asombroso de personas está viniendo al Señor”. Lo mismo se puede decir de los afganos, paquistaníes y bengalíes.

Nunca antes en la historia de las misiones al mundo islámico habíamos visto tal receptividad. No obstante, sabemos que habrá reacciones violentas ante estos cambios; de hecho, ya hay mártires en algunos de estos países.

Para resumir, podríamos decir que este es el tiempo de la cosecha en el mundo musulmán. Las palabras de Jesús son tan apropiadas hoy como cuando las pronunció por primera vez: “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9.37-38).

 

A prepararse para la cosecha!

La oración intercesora

Al prepararnos para la cosecha en el mundo islámico, la intercesión debe ser nuestra actividad principal de principio a fin. En esta oración intercesora y de guerra espiritual usted puede incluir los siguientes motivos: que Dios provea obreros, que los musulmanes lleguen al conocimiento de Cristo, por sus líderes y gobernantes, por la eficacia de los obreros cristianos, que sea atado el poder espiritual maligno que esclaviza al pueblo musulmán.

La actitud positiva

El gran obstáculo que impide ver la cosecha entre los musulmanes es la actitud negativa y la falta de fe en el corazón y la mente del obrero cristiano. Jesús dijo que la cosecha habría de ser grande. En 1 Timoteo 2.4 leemos que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. En 2 Pedro 3.9 dice que Dios no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” Desear menos que esto es oponernos a la voluntad de Dios.

La adaptación cultural

Cuando se produce el choque de culturas, la tendencia del obrero cristiano es hacer las cosas según su propia cultura. El desafío es mucho más que aprender el idioma: es adaptarse a su forma de vida. Por ejemplo, un cristiano javanés no tendrá demasiado problema al tratar de ganar a musulmanes javaneses. Pero cualquier otro asiático no javanés, primero deberá adaptarse a su cultura para luego poder ganar a un javanés. Recordemos las palabras de Pablo: “Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; […] a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos” (1 Co. 9.20,22).

Hasta donde sea posible debemos ajustarnos al estilo de vida de las personas que queremos ganar.

El aprendizaje del entorno religioso

Como mencionamos anteriormente, los musulmanes están divididos en sectas con marcadas diferencias doctrinales. Por eso, usted debe saber a qué tipo de musulmán está tratando de ganar. Si él conoce y usa el Corán, usted debe ser capaz de usarlo también como una plataforma para llevarlo a la Palabra de Dios.

Citemos algunos ejemplos. Un musulmán chiíta entenderá fácilmente la expiación y el sufrimiento de Cristo; por lo cual, en esos puntos tendrá una actitud de simpatía hacia el Mesías. Los seguidores del islam popular son susceptibles a las demostraciones de amor y de poder manifestado en sanidades y liberación de demonios. El obrero deberá tener experiencia en guerra espiritual.

Para alcanzar a los musulmanes secularizados es necesario mostrar el fracaso del mundo para satisfacer las más profundas necesidades espirituales de la humanidad. El obrero debe evidenciar en su vida que el reino de Dios prevalece a pesar de ese punto de vista y explicar por qué es superior. Los musulmanes sufíes buscan la unión con Dios a través de la música y la poesía. Ellos enfatizan el amor y utilizan el lenguaje nativo. El obrero puede explicarles que la comunión con Dios es posible a través de Cristo Jesús, pues tenemos acceso inmediato a él. Es muy importante aprender los idiomas locales.

La respuesta a las necesidades

Responder a las necesidades de su prójimo musulmán es lo más apropiado que usted puede hacer a fin de ganarlo para el Señor. Los musulmanes no son seres extraños. A ellos también les hacen falta amigos, consejos, ayuda en tiempos de dificultad, además de las necesidades elementales. Usted puede ganar primero su amistad y luego, su vida para el Señor.

 

Necesidad de una apologética

Un segmento numeroso de la sociedad musulmana ataca mucho a la fe cristiana. Ellos presentan a Mahoma como el sello de los profetas y al Corán como la última Palabra de Dios para la raza humana. ¿Cuáles son sus puntos de ataque? ¿Cómo habremos de responderles? De nuevo, es muy importante tener una actitud correcta al respecto. A continuación presentamos los principales puntos de tensión entre el cristianismo y el islamismo:

Ataque a la fe cristiana y a las Escrituras:

1. La Palabra de Dios ha sido cambiada.

2. Dios no puede existir en tres personas.

3. Dios no pudo haber tenido un Hijo.

4. Dios no pudo haberse hecho hombre.

5. Jesús no pudo ser divino.

6. Jesús no murió en la cruz.

7. Nadie puede morir por otro.

Reclamo de Mahoma como profeta

1. Mahoma reclama estar en una posición igual a Moisés o Jesús.

2. Mahoma dice ser el “sello de los profetas”.

3. Mahoma demanda obediencia a sus palabras.

4. Mahoma dice que Jesús profetizó su venida.

5. Los musulmanes dicen que Mahoma vino a cumplir las profecías del Antiguo Testamento.

6. Los musulmanes citan el Evangelio de Bernabé para apoyar sus afirmaciones.

7. El modelo de vida de Mahoma es normativo para toda la humanidad.

Reclamo de Mahoma acerca del Corán

1. El Corán es la palabra preexistente de Dios, y son palabras eternas.

2. El Corán confirma las Escrituras anteriores.

3. El Corán es de igual valor a todas las Escrituras previas.

4. El Corán sobrepasa a todas las Escrituras anteriores.

 

La actitud del obrero

Hay ciertos pasajes de las Escrituras que el obrero debe memorizar y usar para moldear las actitudes. Note lo que dice la Palabra de Dios: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en los que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” (1 P. 3.15-16).

“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizás Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Ti. 2.24-26). Un obrero cristiano serio está obligado a desarrollar respuestas a estos ataques, pero sin perder la calma. Tome nota de las siguientes sugerencias:

1. Esté siempre listo para dar una respuesta.

2. Sea gentil y respetuoso con su oponente.

3. Mantenga siempre una actitud positiva.

4. Sea amable con todos.

5. Prepárese para ser un maestro.

6. No dé lugar a discusiones que provoquen resentimientos.

7. Confíe en que Dios los va a llevar al arrepentimiento y a la verdad.

 

La dimensión espiritual de esta guerra

Detrás de estos ataques contra la Biblia y la fe cristiana está la mano del más antiguo enemigo de Dios, el diablo. Como análisis final citamos un versículo de las Escrituras que dice: “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Co. 10.4). Los musulmanes no son realmente nuestros enemigos, sino los principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo, las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Ef. 6.12). En otras palabras, nuestra guerra es contra Satanás y todas las jerarquías de fuerzas angelicales rebeldes que cayeron con él en su gran revuelta contra Dios en el cielo. Entonces, nuestras armas espirituales para esta guerra son:

1. Dios mismo, que vive en nosotros; el mayor (1 Jn. 4.4).

2. El poder del Espíritu Santo para luchar contra los demonios, hacer milagros y sanidades (Mt. 10.1).

3. La respuesta de Dios a la oración (Jer. 33.3).

4. El Evangelio, que es poder de Dios (Ro. 1.16).

5. La Palabra de Dios, que es la espada del Espíritu (Ef. 6.17).

6. Nuestra propia experiencia y ejercicio de la fe; los dones espirituales (Ef. 6.13-17).

7. Los ángeles, enviados por Dios para ministrar a los suyos (He. 1.14).

El mundo musulmán está listo para la siega. Se necesitan obreros preparados para entrar a esos campos. Muchas promesas bíblicas indican que es tiempo de cosecha. Pero nada de esto sucederá sin oración seria, capacitación, planificación y ejecución.

 

Escrito por: Dr. Don McCurry

Fuente: http://www.pminternacional.org

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