Misioneros de Usar y Tirar

a_misioneros_tidarRafael ha sido misionero en África del Norte durante siete años. Tardó varios años (dos o tres) en llegar a desenvolverse con facilidad en el idioma del país. Por tener las facciones típicas de un occidental (pelo rubio, piel blanca, ojos claros, estatura superior a la media, etc.) ha tenido que luchar durante varios años para ser aceptado y sentirse integrado en la comunidad donde vivía y ministraba. Ha sufrido la presión constante de comprobar que todos sus movimientos eran vigilados por la policía religiosa del país. Ha soportado la tensión de mantener la unidad y la estabilidad emocional de su familia, formada por su esposa y tres niños pequeños. Ha superado crisis causadas por atrasos en el envío del apoyo económico desde su país. Ha sobrevivido a varias enfermedades endémicas. Como colofón, no ha logrado ver la formación de un “pequeño” grupo de nuevos creyentes, y así poder presentar, a la iglesia que los envió, el fruto tangible de su dedicación al ministerio.

Una día recibe noticias de su país: “Papá ha fallecido y hasta el último momento preguntó por tí” Cae en Una depresión; empieza a tener desavenencias con su esposa y se siente impotente ante la tarea de educar y cuidar a sus hijos. Sin saber cómo, toda su vida le parece una pérdida de tiempo. En su interior una vocecita empieza a decir: “He fallado. Le he fallado a mi padre, a mi esposa, a mis hijos…. Le he fallado a Dios.”

El líder de campo de su misión se da cuenta de que ese misionero no puede seguir realizando su trabajo, así que recomienda que vuelva a su pais para renovarse física, emocional y espiritualmente.

Estoy segura de que muchos pastores y líderes de agencias misioneras han tenido que enfrentarse a esta situación; y no siempre lo han hecho con la actitud correcta o con la sabiduría necesaria.

En el mundo “evangélico-misionero” existen dos conceptos tan sutilmente arraigados que son casi imperceptibles, aunque en la práctica son reales y evidentes: “lo desechable” y “lo útil”. Lo podríamos ilustrar con una frase muy sencilla: “Te quiero mientras me seas útil y necesario”. Pero las personas no son “de usar y tirar”, sino muy importantes, especialmente a los ojos de Dios.

Además, en la “sociedad evangélica” existe una disociación entre Misión e Iglesia. La Misión está para “producir resultados”(léase: convertidos); la Iglesia está para ministrar a los “heridos” o “descarriados”. ¿Qué suele ocurrir cuando un obrero está agotado, ha caído en una depresión, ha fallado moralmente (pecado) o se obceca en una postura incongruente? Por regla general, la misión lo devuelve a su iglesia para que ésta se ocupe del desastre.

Desde el punto de vista de los líderes de la misión es algo correcto y sabio. Pero, ¿cómo lo ven los demás? ¿Cómo lo ven los líderes de la iglesia? ¿Cómo interpreta la situación el obrero en cuestión?

Normalmente la iglesia recibe al obrero como un desheredado, alguien que ha fracasado, para quien ahora hay que buscar un hueco para que pueda seguir manteniendo a su familia. La alternativa es que busque un trabajo secular para vivir, y que asista a la iglesia como uno más hasta que se vuelva a ganar la confianza de sus pastores.

El misionero se siente utilizado. Está convencido de que lo quisieron mientras fue útil, pero ahora lo devuelven con un letrero en la espalda que dice:”Inútil para el servicio”.

 

Quisiera resaltar tres realidades o principios bíblicos:

La Realidad de la Batalla

Debemos ser conscientes de que nuestra lucha no es contra carne ni sangre (personas de carne y hueso), sino contra principados y potestades, poderes espirituales superiores al ser humano. El objetivo de Satanás, nuestro verdadero enemigo, es deshacer a toda costa la obra de Dios, incluyendo, por supuesto, el ministerio de los misioneros. En esta, como en todas las batallas, hay heridos, bajas y muertos. Las agencias misioneras deben anticipar esta realidad y proveer vías de acción para atender a los heridos, otros destinos para los que no pueden seguir en el mismo lugar y la ayuda necesaria a los heridos de muerte. 

La Restauración Bíblica

Las personas (incluso los misioneros) son más importantes que los programas. El hecho de que un programa no se lleve a cabo en un momento determinado no implica que no se pueda realizar ni que no se pueda reemplazar por otro mucho mejor. La persona que ha fallado puede y debe ser restaurada. David falló de una manera patente, pero Dios dice de él: “guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón”(1 R. 14:8). Leyendo los Salmos de David podemos ver claramente que tenía muy clara la realidad del perdón-restauración (Sal. 51:10-14; 80:7; 32:5). No desechemos a ningún misionero si ha reconocido su pecado, su equivocación o su necesidad de cambiar; restaurémosle en su ministerio. 

El Cuidado Pastoral

Es necesario que el cuidado pastoral orientado a la restauración sea:
Constante. Es una manera de evitar que el misionero sobrepase sus propios límites y de lograr que sea renovado de manera permanente.
Preventivo. Así como nos vacunamos para evitar contraer una enfermedad antes de que ésta aparezca, debemos prevenir y prever las situaciones de riesgo a las que el misionero se verá sometido. De esta manera impediremos que el mal sea irreparable o de grandes consecuencias.
Ejercido “in situ”. Los compañeros, los que viven cerca del misionero, son los que mejor lo entienden y lo conocen. Por lo tanto, son los que pueden aconsejarle y ayudarle correctamente. Huelga decir que de estos compañeros se espera el amor hacia el hermano y el aprecio del ministerio que éste realiza. Normalmente la iglesia, aun con la mejor voluntad, es totalmente ajena a las condiciones de vida del campo misionero; los pastores no conocen en profundidad la situación del misionero, y el obrero herido, devuelto prematuramente, se siente incomprendido.
Realizado con dignidad. El misionero debe tener la posibilidad de regresar a su iglesia con dignidad. Su familia tiene derecho a ser recibida y tratada por la iglesia como lo que son: obreros que han dado lo mejor de su vida, de su fuerza; obreros que han renunciado a sus derechos a disfrutar de los padres, abuelos y amigos, y de la seguridad de lo conocido; obreros que han decidido obedecer el mandato divino de ir y hacer discípulos a todas las naciones.
El Señor está levantando una gran inquietud en los corazones de sus hijos por alcanzar a los que aún no han sido alcanzados. Estamos presenciando el nacimiento de una nueva era en la historia de las misiones. Hay muchos que están respondiendo al llamado misionero, dispuestos a integrarse al ejército que quiere liberar a pueblos que están viviendo en las tinieblas, especialmente los mil millones de personas devotas del Islam.
¿Estamos preparados para recibir y atender a los heridos de este ejército? ¿Tendremos listos los hospitales de campaña y al personal médico necesario? Cuando las iglesias envíen a sus misioneros, cuando las agencias misioneras acepten nuevos candidatos … piensen sobre cómo van a ejercer el cuidado pastoral y la restauración de estos útiles, necesarios e imprescindibles misioneros. ¿O es que son de usar y tirar?

Escrito por Carmen González

Fuente: http://www.kairos.org.ar

Pin It