La Respuesta De La Iglesia A Los Musulmanes En América Latina

Pakistan-Baluchistan

Desde la tragedia del 9/11, el mundo ha mantenido su enfoque vigilante en el Islamismo militante apoyado por grupos radicales como Al-Qaeda. Más recientemente, en los EE.UU., la controversia sobre los planes de una mezquita en la Zona Cero, y el llamado de un pastor cristiano a todo el país para adherirse al día de la “Quema del Corán” han aumentado la tensión y el debate entre cristianos y musulmanes. Pero mientras que este enfoque se mantiene en América del Norte, la iglesia global no debe caer en la autocomplacencia al respecto del plan general de los islamistas que toman las enseñanzas del Corán, y su profeta, muy en serio.

Su agenda, que a menudo permanece oculta, es allanar el camino para la institución de la ley Islámica (Sharia) en todo el mundo. Para estos ideólogos musulmanes, la única solución para los males del mundo es la implementación de lo que realmente creen que es la ley divina; la cual afirman que está incorporada en las enseñanzas de su libro, el Corán, y en las palabras de su profeta, Mahoma. Los musulmanes ortodoxos insisten en que esta solución para la paz sólo puede lograrse mediante la siembra de las semillas del Islam, para que penetren en todas las facetas de la vida social, económica y política. Según el Corán, el Islam ha de ser proclamado en todas las otras religiones (9:33), y todo musulmán está obligado a invitar a todos los no musulmanes al redil del Islam (16:125). Esta invitación se está celosamente extendiendo a todos en el mundo, incluyendo a los pueblos de América Latina.

El Islam no es un nuevo extraño para América Latina. Desde el principio, en el inicio del séptimo siglo del Impero Omeya que se extendió a la Península Ibérica a través de África del Norte, la cultura española absorbe elementos árabes, como las palabras prestadas, motivos y  arquitectura árabe. Estas influencias islámicas se exportaron luego al hemisferio occidental, cuando las colonias españolas comenzaron a salpicar el paisaje de América del Sur. Los primeros musulmanes que aparecen sin duda fueron los nativos africanos que llegaron como marineros en los barcos de los primeros exploradores españoles, o como esclavos en los barcos de los traficantes de personas. Más tarde, a mediados de la década de 1800, miles de inmigrantes musulmanes navegaron a América del Sur desde la India, Pakistán y África para trabajar en las plantaciones como sirvientes. A principios de 1900, una ola de comerciantes sirios y libaneses barrió la costa para comenzar una nueva vida y nuevas empresas. Estos primeros inmigrantes formaron las bases ancestrales de la 2° y 3° generación de musulmanes que viven ahora, mayoritariamente en Brasil, Argentina, Surinam, Guyana y las islas caribeñas de Trinidad y Tobago.

La mayoría de los descendientes de estos inmigrantes fueron asimilados a la cultura latina y ahora representan el gran bloque de musulmanes que son nominales en su fe. Algunos de ellos incluso se convirtieron al cristianismo. El flujo actual de inmigración, sin embargo, está revelando una comunidad totalmente diferente de musulmanes. Estos musulmanes están llegando con el propósito expreso de preservar no sólo su fe, sino de difundirla. Su estrategia incluye la construcción de mezquitas islámicas, escuelas, estaciones de radio, tiendas de libros, orfanatos y centros islámicos de estudio, tales como el Centro Cultural Islámico Rey Fahd de Buenos Aires, que se completó en 1996 con la ayuda financiera de Arabia Saudita. Esta nueva ola de musulmanes viene con métodos pacíficos y palabras pacíficas, a diferencia de los musulmanes militantes que están decididos a matar a todos los infieles y extender el Islam por la coacción. Estos son los musulmanes que quieren demostrar y vivir su religión respetablemente. Sin embargo, así como el militante apoya  sus motivos sobre la base de la enseñanza del Corán, el musulmán de habla pacífica también se apoya sobre la misma base. El motivo es el mismo. Se trata de establecer el Islam como la religión mundial predominante. Para ambos musulmanes, el militante y el no militante, la verdadera paz no puede lograrse a menos que las personas se sometan a la ley divina. Y los musulmanes creen que son los únicos que no sólo poseen las leyes de Dios, sino que abogan por su plena aplicación para el gobierno de la sociedad humana.

Ambos enfoques por parte de los musulmanes ortodoxos religiosos presentan un serio dilema para la iglesia cristiana de América Latina. Cualquier ideología, sobre todo la ideología religiosa, que defienda la violencia para infundir terror en los corazones de sus oponentes, ciertamente despierta un resentimiento profundo. Esto es lo que ha sucedido en la actitud de muchos cristianos, como resultado de la creciente influencia del Islam militante. De hecho, para algunos cristianos, el mejor musulmán es un musulmán muerto. Este tipo de resentimiento que alimenta el odio es sin duda un grave obstáculo para la evangelización de los musulmanes.
En cuanto a los musulmanes de habla pacífica, también se plantea un problema. Los musulmanes ortodoxos saben que la ley Sharia del Islam no puede coexistir en armonía con la ideología democrática. La democracia habla de un gobierno por la voluntad del pueblo, mientras que la Sharia habla de un gobierno por lo que los musulmanes perciben como la voluntad de Dios; como se revela en el Corán y por su profeta. Para los musulmanes ortodoxos, no hay lugar para el compromiso. No hay tal cosa como la separación entre Iglesia y Estado. Por lo tanto, para que el Islam tenga éxito, la forma democrática de gobierno secular debe ser eliminada. En resumen, algunos musulmanes están dispuestos a utilizar las libertades de la democracia secular para eventualmente destruir el sistema de la democracia secular. Con esto en mente, es normal para los cristianos el ser muy desconfiados de los musulmanes ortodoxos. Sí, hablan de la paz, pero para ellos, la verdadera paz sólo puede venir cuando todos los obstáculos son desarraigados y el Islam está en control total. Y así los cristianos se encuentran llenos de resentimiento hacia los musulmanes ya sea debido a la amenaza del terrorismo, o llenos de sospecha hacia ellos debido a la amenaza de sedición. Por desgracia, el resentimiento y la desconfianza son los componentes para el prejuicio, que nos mantiene distantes y desinteresados en alcanzar a los musulmanes con el amor de Dios. ¿Cómo deberían responder los cristianos? ¿Qué puede hacer la Iglesia de América Latina para motivar a los cristianos a evangelizar a los musulmanes?

En primer lugar, la iglesia debe orar por un cambio de actitud que sustituya el miedo y el prejuicio con el amor incondicional. Debemos orar por nuestros enemigos, no para que Dios los destruya, sino para que Dios los salve. ¿Quién puede olvidar el testimonio increíble de Saulo de Tarso? Al igual que algunos de los musulmanes que vemos hoy, Saulo era un fundamentalista religioso que creía que la única solución a la corrupción social era la aplicación estricta de la ley Mosaica. Él vio la iglesia como un obstáculo y estaba decidido a destruirla. Pero, sin duda, había algunos cristianos que oraban para que Él poder de Dios tocara su vida, Saulo de Tarso se convirtió en el Apóstol Pablo. La oración nos recuerda que no hay desafío demasiado grande para Dios ni para su pueblo. La oración también puede ayudar a la iglesia a centrarse en las buenas noticias en vez de las malas noticias. Sí, es cierto que algunos musulmanes determinan matar a los cristianos y destruir a la Iglesia. Sí, es cierto que algunos musulmanes quieren sustituir a los gobiernos extranjeros con su propia marca de la ley islámica. Pero la buena noticia es que la mayoría de los musulmanes en América Latina son musulmanes nominales que simplemente quieren seguir con sus vidas. Sí, por tradición, son musulmanes. Dicen  sus oraciones y asisten a los servicios en las mezquitas. Pero quieren llevar una vida tranquila. Ellos sólo quieren ser capaces de alimentar a sus familias, vestir y educar a sus hijos, y disfrutar de las cosas buenas de la vida. No quieren tener nada que ver con el Islam fanático que restringe a su gente con el legalismo religioso. Es por eso que muchos de ellos se trasladaron a América Latina en primer lugar. Además, muchos proceden de países musulmanes, donde cada vez es más difícil enviar misioneros cristianos. Y en vez de que nosotros vayamos hacia ellos, es como si Dios los estuviera trayendo hacia nosotros.

La mayoría de los musulmanes tienen preocupaciones similares a las nuestras, sobre todo cuando se trata de asuntos espirituales. Ellos quieren inculcar los valores familiares, establecer la creencia en Dios, y vivir un estilo de vida de buena reputación. Interiormente, los musulmanes anhelan el amor de Dios y una experiencia que pueda conectarlos con Dios. También anhelan un poder que pueda librarlos del miedo a la otra vida y del miedo de los espíritus malignos. Ahí es donde los Pentecostales de América Latina tienen una ventaja para tocar los corazones de los musulmanes. Si sólo los cristianos de América Latina pudieran amar a los musulmanes como para convertirse en sus amigos y acercarse lo suficiente para que los musulmanes sientan el amor y el poder de Dios que irradian en el nombre de Jesús. Esto puede sonar increíble, pero la oración abre la puerta a lo imposible. Cuando los musulmanes comienzan a experimentar el amor de Dios, cuando están profundamente afectados por un milagro de poder en el nombre de Jesús, cuando los ojos ciegos ven y huyen los demonios – entonces su corazón se inspira a creer que si Jesús puede curar el cuerpo de una enfermedad, también puede sanar el corazón de la enfermedad del pecado. Ellos vienen a conocer a Cristo Jesús no sólo como un profeta y un sanador, pero lo más importante, como el Salvador y Señor de todos. Dios va a seguir utilizando las señales y prodigios para confirmar la misión de Cristo y para edificar su iglesia entre los musulmanes de todo el mundo. Y Dios seguramente responderá en América Latina tan pronto como su gente esté lista para convertirse en un canal de bendición, ¡un canal de amor desde el corazón de Jesús al corazón de un muslmán

Por Harry Morin
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