Jesús, El Mesías De Todas Las Naciones (Etnias)

a_jesus_nacionesEl Señor Jesús es el centro de nuestra fe cristiana y de la misión de la iglesia. Por lo tanto, la manera en que Él se relacionó con las etnias del mundo es importante en nuestra comprensión del propósito de Dios para su iglesia. Es necesario y apropiado que nuestro estudio del ministerio de Cristo se fundamente en los escritos de Lucas, puesto que él era un gentil apartado de la nación de Israel. Lucas perteneció a una de las “naciones” incluidas en la promesa de la bendición que sería impartida por los descendientes de Abraham. Debido a esta perspectiva como gentil, se concentró en la relación de Jesús con los gentiles mucho más que los otros escritores del evangelio. Nosotros, como gentiles, debemos sentirnos agradecidos con Dios porque extendió su mano más allá del pueblo judío y porque escogió a uno que no era del pueblo de Israel para relatarnos parte del Nuevo Testamento. 

 

Cristo, la simiente de Abraham

El día de hoy, existe un escenario que se inició hace 4,000 años dentro de la actividad de Dios para redimir a las naciones, teniendo a Cristo como protagonista principal en el mismo centro del drama histórico de la Biblia. Han pasado 2,000 años desde Abraham hasta Cristo, y otros 2,000 desde el nacimiento de Jesús hasta el presente.

Los primeros once capítulos de la Biblia son el preámbulo en el desenvolvimiento de esta historia. Luego, en Génesis 12, Abraham recibe la promesa del advenimiento de Cristo, la simiente y descendiente único de Abraham, a través del cual serán benditas todas las naciones de la tierra (Gen. 12:1-3). Cuando Cristo apareció, se enfocó plenamente en lo que significaba la bendición de Abraham. 

 

La “Gran Comisión” en el Antiguo Testamento

Las palabras que Jesús empleó en Mateo 28:18-20, no eran una nueva revelación para el pueblo de Israel, sino que reiteraba el mandato que su antecesor Jacob había recibido en Génesis 28:14-15. Debemos fijarnos bien en la similitud de los dos pasajes. En el Libro de Mateo, Jesús dice que sus seguidores al hacer discípulos, deberán ser de bendición para todas las naciones de la tierra. La palabra griega que se ha traducido en español como nación en la Biblia, es ethne, que significa etnia o pueblo, y que en el contexto global no tiene nada que ver con las fronteras políticas y con los países. En el Libro de Génesis, Dios ha dicho que por medio de Israel serán benditas todas las naciones (etnias) de la tierra. En la traducción al griego del Antiguo Testamento en hebreo, que se usaba en los tiempos de Jesús, el término naciones se tradujo como ethne. Obsérvese que en ambos pasajes el Señor dice “Yo estoy con vosotros”, y en los dos casos establece que Él seguirá obrando en sus discípulos hasta que algo sea completado. En Génesis, Dios dice que Él estará con los descendientes de Abraham hasta que se cumpla todo lo que Él ha prometido. El elemento clave de la promesa, era la bendición para todos los pueblos de la tierra. Entonces, un aspecto de lo que Dios está diciendo es que Él pretende mantenerse trabajando con sus discípulos hasta que todos los pueblos sean penetrados con su poder. De manera similar, en Mateo Él dice que estará con ellos hasta el fin del mundo. Ellos estaban enterados de esto, porque en Mateo 24:14 les había dicho claramente que el fin del mundo no sería hasta que todas las naciones (etnias) fueran alcanzadas con el evangelio.

Jesús—Rechazado por su Propio Pueblo, Pero Aceptado por las Naciones Gentiles. Aunque Cristo dedicó la mayor parte de su ministerio a las ovejas perdidas de la casa de Israel, sorprendentemente las naciones gentiles le recibieron, la mayor de las veces, con más fe y aceptación. Ejemplos de ello son la fe del centurión romano (Lucas 7:1-10), cuyo sirviente fue sanado, y la mujer sirio fenicia (Marcos 7:24-30). Jesús se maravilló de ambos, y dijo que no había encontrado fe como la del centurión, aún en Israel. Jesús, para hacer resaltar ante sus discípulos el alcance de Su gracia salvadora, a veces ministró a los samaritanos, una nación no alcanzada; y a gente de Decápolis, Tiro, Sidón y Galilea, lugares donde había grandes concentraciones de pueblos gentiles de habla griega. De hecho. Muchos eruditos de la Biblia creen que Jesús era bilingüe y que ministraba a los judíos en arameo y a los gentiles en griego (Esto parece razonable puesto que nunca se menciona a traductores, cuando Jesús ministraba a los de habla griega).

Tristemente, aunque Jesús pasó la mayor parte de su tiempo entre los judíos, La Biblia nos dice que Él vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron. Pero a todos aquellos que le recibieron, a aquellos que creyeron en su nombre, les dio la potestad de ser llamados hijos de Dios (Juan 1:11-12) ¿Y quienes le recibieron?.

Lucas deja claro que quienes le recibieron fueron los gentiles. Esto se desprende en muchas de las parábolas de Jesús y de manera especial en la parábola de la gran cena en Lucas 14:15. Aquí, aquellos que fueron primeramente invitados (los judíos), estaban tan ocupados con sus quehaceres, que otros que estaban en las plazas, en las calles y en los caminos fueron invitados (los gentiles). También, en la parábola de los labradores malvados, la Biblia deja claro que el Reino de Dios será quitado a los judíos y entregado a los gentiles, los cuales Jesús dijo que traerían fruto. (Lucas 20:9-18 y Mateo 21:33-46) 

 

Jesús—La luz Para Los Gentiles

Desde el comienzo de su evangelio, Lucas deseaba establecer que Jesús no sólo era el Mesías para Israel, sino para todas las naciones. Él habla de Simeón, un hombre de Dios, que estaba esperando la “consolación (el cumplimiento) de Israel”. Simeón sabía lo que las Escrituras decían sobre el Mesías, y cita a Isaías 49:6, que declara que Jesús será “una luz para revelación a los gentiles”. Estando lleno del Espíritu, él sabía que esto sería la “gloria para tu pueblo Israel”, el cumplimiento de la razón por la cual Dios los había escogido.

En el capítulo cuatro, Lucas continúa desarrollando cuidadosamente su descripción de Jesús como el Mesías para todas las naciones. Él nos muestra a Jesús en el principio de su ministerio, en donde lo podemos ver como un joven graduado de seminario, que llega a su pueblo para dar su “primer sermón”. Él predica un mensaje que le gusta a todos y que pudo haberlo dejado así. Pero entonces agrega unas pocas palabras, que convierten a una feliz congregación en una turba homicida enfurecida, determinada a matarlo. ¿Qué cosa tan grave pudo haber dicho, que provocó tal reacción? Jesús, tal y como lo hizo a través de todo su ministerio, quería mostrarle a su gente lo que realmente había en sus corazones. El habló de dos profetas, Elías y Eliseo, a quienes Israel había rechazado y quienes, a su vez, Dios usó para bendecir a dos personas de las naciones gentiles: A la viuda de Sarepta y a Naamán el sirio.

Cuando la gente escuchó esto, tomaron a Jesús y trataron de tirarlo a un precipicio. Ellos sintieron que Él estaba traicionando a su pueblo, a Israel, al hablar de las bendiciones recibidas por los gentiles. Pero nunca sintieron que quienes en realidad habían traicionado los propósitos de Dios, eran ellos mismos. Habían olvidado su “responsabilidad misionera” ante el pacto Abrahámico; que a través de ellos las demás naciones serían bendecidas. Por lo tanto, sus corazones se endurecieron ante cualquier mención de que los extranjeros serían bendecidos.

En el Sermón del Monte, Jesús trató de cambiar esta actitud (Lucas 6:26-37, Mateo 5:39-42) Muchos no entienden la importancia y la intención de Jesús cuando declara que no era suficiente que la gente fuera amable con sus amigos. Él estaba enseñando el concepto radical de la necesidad de amar a los enemigos, e inclusive iba más lejos al decir que debían orar por ellos. Entonces dio ejemplos de cómo debían vivir diariamente dando esa clase de amor, para llegar a ser verdaderos hijos de Dios. Si un soldado romano les demandaba que le llevaran su carga una milla, ellos debían cargarla dos. Ellos debían cortar su resentimiento contra los romanos. Jesús no favorecía a los romanos, sino que desaprobaba el odio y el resentimiento.

La mayoría de los judíos no escucharon las palabras de Jesús. Sintieron que Dios los había traicionado al permitir que hubiera extranjeros en su tierra. Sin embargo, el día de hoy, mucha gente tiene la misma actitud contra los “extranjeros” en nuestra tierra. Decimos: “ellos nos están quitando nuestros trabajos”. Ellos están llenando nuestras ciudades y nuestras escuelas. Ellos no hablan nuestro idioma”. ¿Estaremos respondiendo de la misma manera que lo hicieron los judíos?. Deberíamos estar ansiosos de bendecirles y no verlos como invasores indeseables. 

 

Jesús—Dispuesto a Morir Por Todas Las Naciones

Jesús escapó milagrosamente de morir en Nazaret, porque no había llegado su hora. Sin embargo, no fue la única vez que la gente trató de matarlo; hubo constantes atentados contra su vida. Pero como el Mesías de todos los pueblos, Él estaba listo para dar su vida para que las naciones vivieran. En Lucas 9:23, antes de iniciar el peligroso regreso a Jerusalén y al Calvario Él lanzó el reto, que cualquiera que quisiera seguirle debía negarse a sí mismo y estar dispuesto a morir. Desde este momento, hasta el Calvario, la Biblia muestra el contraste entre la actitud egoísta de los discípulos y la actitud de Jesús hacía todas las naciones. Empezando en el capítulo diez de Lucas, Jesús inicia su largo camino desde Galilea hasta Judea. Conforme se aproxima a esta última, sus discípulos piensan que se dirige hacía los problemas, tanto para ellos como para él mismo, y eventualmente va a su propia muerte. Cuando Jesús les dice claramente que él va a la muerte, Pedro le reprende diciendo que los otros discípulos no entenderán. Jesús le responde que él, Pedro, no entiende el propósito de Dios. De la misma manera es con nosotros, cuando nos preocupemos más por nosotros mismos que por los propósitos de Dios para todas las naciones. (Mateo 16:21-25) La Biblia establece el momento de manera clara y dolorosa. Jesús dice explícitamente en tres diferentes ocasiones que él va a morir. En la tercera vez que lo hace, Santiago y Juan están discutiendo sobre quien será mayor en el reino venidero de Jesús. Ellos no habían entendido lo que Él había dicho sobre el concepto del Reino, pues para ellos todo se relacionaba con el poder y con ser servidos, y no con el concepto de Dios de entregar la vida a favor de otros.

¿En qué es esto semejante a la Iglesia de hoy, con sus grandes edificios, con las posiciones de importancia y de influencia en el gobierno de la misma?. ¿Entendemos que la principal finalidad de Dios, es que nosotros demos nuestras vidas para salvar a aquellos que están más allá de nuestro ámbito, las etnias no alcanzadas?

Jesús amonestó a sus discípulos al decirles que no sabían lo que estaban pidiendo. Que las posiciones de importancia en su Reino llegan cuando estamos dispuestos a ser siervos de todos y a sacrificarnos por los demás, como Cristo dio su vida como rescate por muchos. (Marcos 9:30-35, 10:32-45)

En el capítulo 24 del Evangelio de Lucas, después de la resurrección, se deja ver claramente que los seguidores de Jesús todavía no han captado la idea. Vemos a dos de los discípulos caminando rumbo a Emaús, totalmente desanimados, sin esperanza y seguramente quejándose. Todos sus grandiosos planes y esperanzas, de que Jesús derrotaría a los romanos y pondría a sus discípulos en posiciones de poder, fueron aniquilados. Jesús se les une y les pregunta la razón de su molestia. Resentidos le preguntan a Jesús, “¿Eres tú el único en Jerusalén que no has sabido las cosas que han pasado en estos días?” ¡La realidad era que Jesús fue el único que realmente entendió lo que había pasado! Ellos no lo entendieron debido a su egoísmo y a su manera mundana de pensar. Jesús, entonces les reprendió por su insensatez y por no creer lo que el Antiguo Testamento enseñaba claramente sobre su muerte y resurrección. Entonces Él les enseñó desde la Ley y los Profetas, y sus corazones ardían.

Poco después el Señor se apareció en medio de los once discípulos y les recordó que lo sucedido había sido realmente escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos. Estas eren cosa que ellos deberían conocer… estas son cosas que nosotros deberíamos conocer… estas son cosas que en nuestras iglesias, todos deberían haber conocido o entendido de manera más efectiva.

Al abrir sus corazones endurecidos, Jesús les hizo ver claramente el principal mensaje de todas las Escrituras del Antiguo Testamento, diciendo: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y que resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén (Lucas 24:45-47)”. Él no les permitió creer, ni por un momento, que esta era una idea nueva; pues todos los pueblos del mundo estuvieron siempre en el amor comprensivo, en la preocupación y en los planes de Dios. 

 

El Verdadero Poder del Pentecostés

En el primer capítulo del Libro de los Hechos, es increíble ver que los discípulos aún no han entendido la naturaleza del Reino. ¡Ellos siguen pensando en el poder y en su pequeño rincón del mundo llamado Israel; aunque ahora están tratando de disimular sus intenciones, no discutiendo sobre las posiciones de poder para cada uno de ellos, sino sobre el devenir de las cosas! Ellos querían saber cuándo, Jesús restauraría el Reino de Israel. Jesús se dio cuenta de esto y les dijo en esencia, parafraseando Hechos 1:8: “Miren muchachos, si todavía están buscando poder, lo recibirán; pero solamente cuando el Espíritu de Dios tome sus vidas, y estas sean redirigidas hasta los confines de la tierra”. Ellos recibirían poder, como algo normal en su comisión de ir a todos los grupos étnicos de la tierra, y no como una meta en sí misma. De manera similar, recibiremos poder, solamente cuando enfoquemos nuestros esfuerzos y nuestra atención en los grupos étnicos no alcanzados del mundo. Nosotros también deseamos reclamar los fines y el poder de la Gran Comisión— Aquello que dice: “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”— Pero, como alguien dijo, si no hay “voy”, entonces no hay ‘”he aquí”. Si usted no penetra en los propósitos de Dios, entonces el “he aquí yo estoy con vosotros” no funciona. Todo es parte del mismo cuadro, que va tan lejos como nosotros nos adentramos en las misiones hacía las naciones. Esto, y recibir el poder de Dios están inseparablemente unidos. 

 

El Mesías Para Todos los Pueblos

A través de todo el Nuevo Testamento, Jesús muestra su interés por la gente pequeña, por los pobres, por los enfermos, por los griegos, y por los samaritanos. En todo su ministerio, estaba contemplado el mundo. Nosotros vemos que aunque su meta inicial era para el pueblo judío, Jesús hizo obvio que su misión no era solo para ellos, sino para todos los pueblos del mundo, y que Él era en realidad el Mesías para todas las naciones. De hecho, para los judíos, la acción más repugnante de Jesús era su continuo enfoque de que el amor de Dios era también para los gentiles y no solo para ellos. Tal vez Jesús demostró esto, mejor que en ninguna otra ocasión, durante su entrada triunfal a Jerusalén. La multitud cantaba”Hosanna” —Que significa sálvanos ahora— y ponía ramas de palma esperando que Jesús le quitaría el poder a los romanos. Sin duda, ello pensaron: “¡Cuándo eso pase, entonces NOSOTROS los judíos, tendremos nuevamente el poder!” Los cristianos también podemos ser como ellos, pensando que todo el interés de Dios es darnos poder en nuestras vidas para obtener lo que queremos. Podemos ser iguales a Simón el mago, en el Libro de los Hechos, capítulo ocho; que quería el poder para si mismo. Cuando buscamos poder espiritual sin haber entendido el propósito del poder de Dios, que debemos usarlo para hacer discípulos a todas las naciones, entonces al igual que Simón, seremos culpables de tener los propósitos y motivos equivocados. Inexplicablemente, Jesús no fue al cuartel de los romanos a quitarle el poder a las autoridades del gobierno. Al contrario, se dirigió al templo, al atrio de los gentiles. Este atrio, que había sido puesto por Dios como el lugar en donde todas las naciones podían venir a verlo; había sido utilizado por los judíos para la venta de animales para el sacrificio y por los cambistas para el cambio de moneda. Jesús violentamente volteó las mesas y echó fuera del templo a los comerciantes. El poder religioso había fallado en alcanzar a los pueblos de la tierra, y eso ocasionó uno de los pocos momentos que la Biblia cuenta en donde Nuestro Señor mostró enojo. Verdaderamente el era el Mesías para todas las naciones (Lucas 19:45; Marcos 11:17).

 
Jesús, El Mesías De Todas Las Naciones (grupos étnicos)

Escritor Anónimo – Sinopsis de la Lección 3 de Visión por las Naciones: (United States Center for World Mission, Pasadena , CA)

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