Experiencias En India

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Me llamo Karuna L. (pseudónimo de origen hindi que significa «misericordia»). Tengo cuarenta y tres años, y soy una psicóloga salvadoreña.

Crecí en una familia adoptiva de trasfondo cristiano nominal, pero mi abuela siempre me compartió del evangelio. Cuando era adolescente, había una guerra civil en mi país y me sentía inclinada hacia la lucha social. Entonces buscaba el significado de mi existencia y fue así como conocí a Jesús y le entregué mi vida a los dieciocho años. Desde el principio estuve involucrada en mi iglesia, en el discipulado de jóvenes y en la movilización misionera.

Mi llamado fue a través de un sueño, en el cual la voz de Dios me llamaba por mi nombre; yo respondí que estaba muy cansada, fisicamente, pero Él me dijo: «no digas que estás cansada porque es mi espíritu quien te habla y te da las fuerzas». De inmediato me postré de rodillas, y me dijo: «Porque los tiempos y las naciones son mías, he aquí yo te envío a las naciones». Su voz era tan impresionante que no podía resistir. Respondí llorando, sin comprender lo que me decía. Al contarle a mi abuela, ella interpretó y me dijo que Dios me estaba llamando a las misiones.

El rumbo de mi vida había cambiado, en mi corazón ahora existía el deseo de ir al campo misionero. Yo quería ir al campo desde cuando tenía veinte años, pero Dios me hizo pasar por una escuela antes de salir. En un lapso de cinco años, perdí a mis padres biológicos y a mi padre adoptivo. Mis responsabilidades familiares aumentaron, pues había que educar a mis hermanos.

Decidí esperar el momento de Dios y mientras tanto, servía en la iglesia y trabajaba también como psicóloga. En el año 1995, mis hermanos ya eran independientes. Fue entonces cuando le dije al Señor, como otras tantas veces: «Heme aquí, envíame a mí”. Mi llamado por India estaba desde el año 1987, cuando asistí a la conferencia de COMIBAM en Brasil. En 1996 renuncié a mi trabajo secular y comencé a prepararme para salir.

Como movilizadora estuve involucrada con la red «Alcance un Etnia», así mismo, estuve colaborando con el curso de «Perspectivas» en mi país. Tuve que esperar dieciocho años para salir, desde que tuve el llamado. Estuve orando por India durante once años antes de salir; sin embargo, mi trabajo de discipulado con jóvenes y movilización de misiones ayudó mucho a mi formación de carácter y experiencia con Dios.

En cuanto a mi iglesia, mi pastor es alguien que siempre ha impulsado la intercesión por los no alcanzados; eso contribuyó a que me apoyaran al momento de mi envío. Algo importante que aprendí es que si tenemos llamado al campo, debemos preparar a otros en nuestras iglesias para que ellos continúen el trabajo de movilización. A través de los años, sigo haciendo ajustes con el objetivo de adaptarme a esta cultura. Siempre hay cosas nuevas; en este país hay diversidad de culturas. Al principio tenía más situaciones de choque como el tráfico, la suciedad, la gente adorando vacas en la calle, etc. Después de algún tiempo me acostumbré. Con respecto a las vacas, me causa dolor ver la ignorancia de la gente. Hay otras cosas que me siguen impactando de igual forma, como lo es el maltrato físico a los niños y a las mujeres, el aborto en las niñas que en algu23 nas comunidades se ve como «normal». Al sentir el choque, me acuerdo de que por esa razón estoy acá, para enseñarle a la gente acerca de un nuevo estilo de vida, conforme a los valores que nos enseña la Biblia.

El hecho de venir a este país como mujer soltera también me ha causado dificultades en esta cultura. A las muchachas las casan entre los catorce y veintitrés años. Para viajar, las mujeres generalmente lo hacen acompañadas de sus esposos; y cuando se trata de hacer trámites en oficinas o buscar a un electricista o un plomero, por ejemplo, generalmente lo hacen los hombres. Entonces, para ellos, si yo hago dichas actividades sola, me harán esperar más tiempo por el hecho de ser mujer.

En cuanto al lenguaje, me tomó algún tiempo adaptarme. En la ciudad donde vivo se hablan tres lenguas: inglés, marathi e hindi. Actualmente hablo inglés con los compañeros de trabajo e hindi con la gente del PNA, con quienes trabajamos. He trabajado en India cinco años y medio, básicamente involucrada en dos áreas: plantación de iglesias y entrenando a obreros latinos e indios. Estas tareas se relacionan entre sí. Tenemos como prioridad aplicar métodos contextualizados.

En el área de plantación, trabajo con un equipo local en la India. La comunidad está integrada por hindúes y musulmanes. Tenemos programas de desarrollo comunitario y estudios bíblicos, y mi trabajo se enfoca hacia mujeres y niños. Tenemos programas de inglés, alfabetización y consejería. Este ha sido un trabajo pionero que hemos realizado durante cuatro años. El Señor nos ha dado gracia ante el líder de la comunidad para hacer el trabajo y estamos capacitando a nuevos creyentes de la comunidad, para que hagan el trabajo de multiplicación. Cada año damos entrenamiento a obreros de diferentes continentes (la mayoría son latinos e indios). Ellos tienen el compromiso de trabajar acá por dos años o más; los entrenamos para que inicien trabajos pioneros entre hindúes y musulmanes en el norte de India. El entrenamiento dura tres meses y tenemos un promedio de quince estudiantes por año. Ahora ya contamos con obreros que están trabajando en diferentes equipos.

Tenemos varias proyecciones. En el área de entrenamiento, facilitar el mismo a los latinos que vienen a la India por dos años o más, servirles de puente en el sentido de recibirlos, capacitarlos y ubicarlos en diferentes equipos plantadores de iglesias. También, recibir estudiantes latinos de otras agencias misioneras como un esfuerzo de cooperación.

En el trabajo de plantación, reclutar más obreros locales, formar una ONG con un rol viable en la comunidad, y que más creyentes locales sean entrenados para la multiplicación. Para el año 2007, tengo planes de mudarme al norte de India para iniciar un proyecto pionero de plantación de iglesias en un PNA de Luknow. Estamos orando para integrar un equipo en esa ciudad. Mi deseo de ir al norte de India ha estado aun desde antes de venir acá, pero el Señor me ha tenido en la ciudad donde actualmente resido. Ha sido una buena experiencia y un buen lugar para ganar experiencia y desarrollar la capacitación para los latinos también. Deseo en mi corazón seguir ayudando a los latinos para introducirlos a esta cultura y orientarlos para hacer el trabajo. Eso les ayudará a tener una introducción más adecuada.

Estoy orando también para obtener una visa de negocios dentro de un año. Con esto podré tener un rol más viable y menos presiones. La situación de la visa crea incertidumbre, porque si no es de negocios o de estudiante, entonces el gobierno está en la libertad de no extenderla más, y uno tiene que regresar a su país. Entre las experiencias más impactantes tengo la historia de Sunita. Cuando la conocimos estaba abandonada, la tenían fuera de una choza y estaba semidesnuda; un sari la cubría por detrás y su piel estaba llena de llagas debido a las múltiples quemaduras que le ocasionó el esposo al rociarle gasolina, quien luego huyó y le quitó los hijos. Sunita tenía un año de estar en esas condiciones y nadie la auxiliaba. Logramos ingresarla al hospital y allí le hicieron injertos en la piel, hasta que sus quemaduras fueron sanadas. Posteriormente, ella conoció al Señor y le entregó su vida; después consiguió trabajo como doméstica, y su vida fue restaurada. Dios nos abrió puertas en la comunidad a través del testimonio de Sunita.

También, tenemos una compañera en el equipo que fue rechazada por su familia cuando se enteraron que tenía sida. Ella había sido infectada por el esposo y a pesar de que adquirió la enfermedad hace varios años, tiene buena salud. Creemos que el Señor hizo un milagro en ella. Lo impactante de ella es su entrega al Señor y su fidelidad para con su esposo y demás familia; además, trabaja atendiendo a personas con sida y discipula a mujeres en la comunidad. Tenemos varias batallas espirituales. Entre ellas, recuerdo una vez que fuimos denunciados, pero nos enteramos por medio de un pastor y nos cambiamos de lugar de inmediato. Con la gracia de Dios, no nos pasó nada. De hecho, estamos en riesgo de persecusión y a veces los temores son fuertes, pero Dios me recuerda que siempre está conmigo y que nada sucederá fuera de su voluntad. El ambiente espiritual de la comunidad donde trabajo es fuerte, adoran muchos dioses y hay mucha violencia familiar, alcoholismo, brujería, etc.

El enemigo pone desánimo cuando la tarea se vuelve pesada y tenemos que esperar para ver los frutos. Estoy aprendiendo que mi tarea es sembrar la semilla y dejamos los resultados al Señor. Cuando estoy desanimada, Dios habla a mi corazón a través de diferentes circunstancias y renueva mis fuerzas. Algo que nos afecta también es la falta de obreros. En el equipo somos cinco y no logramos cubrir las demandas dela gente que hay que atender. Jesús dijo: «Rogad pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mat. 9:38). Esa es nuestra oración.

Para terminar, agradezco una vez más al Señor por darme el privilegio de sembrar su Palabra entre los que nunca la han oído. En este contexto estoy aprendiendo a conocerlo más a Él. Si al leer este testimonio el Señor lo desafia a ir al campo o apoyar obreros en el campo, no lo dude. Usted estará siendo partícipe de la tarea más linda de todos los tiempos: anunciar el Reino de Dios y su justicia. El Señor ha prometido que estará con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.

MANUAL DE TESTIMONIOS MISIONEROS

Jesús Londoño, editor

Compilador: Jesuel A.

2005 Primera Edición

Equipo Editorial: Mayra Urízar de Ramírez, Mireya Fayad

© COMIBAM Internacional

Departamento de Publicaciones

www.comibam.org

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