El Propósito De La Prosperidad

a_prosperidad¿Qué Hago Con La Abundancia? ‘ Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre… Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. – Deuteronomio 8:11-14, 18.
A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales con inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna. – 1 Timoteo 6:17-19
La prosperidad puede ser una espada de dos filos, porque mientras una abundancia de dinero aleja de Dios a muchas personas, otros dedican su prosperidad material a los propósitos de Dios, y de esta manera se convierten en una fuente de bien para muchos, a la vez que atesoran para sí riquezas eternas.
El tiempo que he dedicado a este libro será todo un fracaso si los lectores utilizan sus consejos terrenales para aumentar sus bienes, sin entender los propósitos divinos que dan significado a los mismos.
Por otro lado, si por medio de esta obra, se cumple la visión de liberar recursos para la obra de Dios dentro y fuera de América Latina, entonces el esfuerzo que me costó a lo largo de un año valdrá toda la pena, y más. Mi oración es que mis lectores no sólo ordenen sus finanzas aquí en la tierra, sino que se hagan una gran cantidad de tesoros en el cielo.
También hemos dejado en claro que el mínimo bíblico para lo que damos a la obra de Dios es el diezmo. Pero si sólo damos el diezmo, que inevitablemente debe ir a nuestra iglesia local, entonces difícilmente impactaremos al mundo entero. Nuestro Dios no es un Dios local, sino universal, y desde su creación de su pueblo, sus propósitos para nuestra prosperidad han tenido que ver con el mundo entero:
Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. – Génesis 12:1-3
Mucho tiempo después, el salmista reafirmó este principio básico, de que la bendición del pueblo de Dios es para bendecir a las naciones:
Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros; para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación. Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás los pueblos con equidad y pastorearás las naciones en la tierra. Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben. La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Bendíganos Dios, y témanlo todos los términos de la tierra. – Salmo 67
Le agrada a Dios convertir su pueblo en un pueblo fructífero y próspero, pero es una prosperidad con propósito; el propósito de tomar de esas bendiciones, y bendecir a todos los pueblos de la tierra.
Hoy día, existen aun miles de grupos étnicos que no cuentan con un testimonio cristiano en su idioma y cultura, y se calcula que la tercera parte de la humanidad nunca ha tenido una oportunidad de conocer el nombre o la persona de Jesucristo. La vasta mayoría viven en el norte de África o el sur de Asia, y comparten similitudes físicas, económicas, y culturales con los latinoamericanos. Afortunadamente, cada año más hispanos se ofrecen para llevarles la Palabra de Vida; pero por desgracia, muchas veces no encuentran el apoyo económico suficiente en sus países de origen.
Le agradezco mucho a Esteban Jonson, un misionero norteamericano que trabaja con la agencia misionera mexicana Visión Euro-África, por el concepto del siguiente material. He cambiado algunas de las cifras a números más conservadores, pero el concepto es el mismo:

 

¿Puede la Iglesia mexicana enviar misioneros al extranjero?

Hoy día, nueve de cada cien mexicanos se identifica delante del gobierno como cristiano evangélico, aunque otros expertos creen que el porcentaje real es más alto. De todos modos, esta primera estimación significaría que hay diez millones de evangélicos en México.
¿Cuántos misioneros mexicanos pueden estos diez millones de creyentes mandar al extranjero?
Vamos a suponer que cada cristiano mexicano hace un mínimo esfuerzo de negarse una Coca-Cola por semana, con tal de enviar la diferencia al campo misionero. Esta Coca-Cola tiene un valor en promedio de $5 pesos mexicanos, o un poco menos de cincuenta centavos de dólar.
Si diez millones de creyentes dieran cada uno cinco pesos por semana, la cantidad que aportarían a la evangelización del mundo sería dos mil sesenta millones de pesos anuales, que equivale a $216,666,666 pesos mensuales, ó $19,696,969 dólares por mes.
Ahora, en casi cualquier parte del mundo, un misionero puede vivir con una cantidad de tres mil dólares al mes, aunque en muchas de las regiones que más necesitan de misioneros, la cantidad pudiera ser mucho menor. Pero vamos a suponer que todos necesitan los tres mil dólares mensuales, para cubrir gastos extraordinarios como viajes entre México y su lugar de ministerio.
¿Cuántos misioneros puede la Iglesia mexicana enviar, con tan sólo el sacrificio de una Coca-Cola por semana por persona?… ¡6,656 misioneros!
En contraste, en el año 2001, la organización COMIBAM Internacional, que coordina información y esfuerzos entre las diferentes agencias misioneros de Iberoamérica, sólo pudo identificar 381 misioneros mexicanos transculturales, y casi la mitad trabajaban en México mismo.

 

¿Qué puedo hacer?

Dios quiere levantar un verdadero ejército de misioneros latinos a todo el mundo. Pero estos misioneros no podrán ir, si no cuentan con un ejército en casa, igualmente comprometidos con la tarea de apoyarles.
¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueran enviados? – Romanos 10:14b-15
Si el simple sacrificio de un refresco a la semana pudiera liberar tantos recursos para el Reino de Dios, ¿qué tanto no se podrá hacer di miles de familias en América Latina aprenden a administrar mejor los bienes que Dios les ha confiado, consagrándole una parte importante de los resultados de sus esfuerzos para el apoyo de estos misioneros?
Para todo lector de esta obra, que ha aceptado el reto de conformar su administración del dinero a las normas bíblicas que hemos presentado aquí, le quiero proponer un último reto: Una vez que sales de la deuda, o que sientes que el momento ha llegado de invertir más en los propósitos eternos, debes averiguar si tu congregación local ya apoya a algunos misioneros transculturales latinos, sobre todo entre grupos étnicos que todavía no cuentan con iglesias cristianas en su propia cultura e idioma. Si es así, puedes empezar a apoyar a estos misioneros.
De igual manera, si algunos miembros de tu congregación quieren ir a las naciones, puedes estar entre los primeros en ofrecerles el apoyo económico. No te pierdas la oportunidad de formar una relación personal con estos misioneros, o aún con los que ya están en el campo; de esta manera serás mucho más una parte del equipo misionero.
Pero muchos descubrirán que su congregación todavía no apoya a misioneros transculturales. Tal vez habrán algunos a quienes llaman “misioneros”, pero resulta que están trabajando en zonas con la misma cultura e idioma de ellos; de manera que realmente están trabajando como evangelistas y plantadores de iglesias entre grupos étnicos que ya cuentan con una presencia evangélica.
Si sientes que Dios te guía a apoyar a tales obreros, o a otros proyectos de valor eterno, que bueno que obedezcas. Pero también reto a todo cristiano a experimentar la maravillosa oportunidad de participar en la proclamación del nombre de Jesucristo en donde nunca antes se ha nombrado, para que todo pueblo lo alabe, como él tanto merece.
Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; y los que nunca han oído de él, entenderán. – Romanos 16: 20,21
Después de esto miré, y he aquí una gran multitud la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. – Apocalipsis 7:9
¿Quieres tomar el reto de nombrar el nombre de Cristo en donde nunca antes se ha nombrado? Si no conoces misioneros u organizaciones misioneras latinoamericanas, puedes encontrar los datos de casi 400 agencias que envían misioneros latinos, en la siguiente página web: http://www.comibam.org

Asimismo, los cristianos mexicanos pueden consultar la siguiente página para saber más sobre las agencias misioneras mexicanas: http://www.comimex.org
Fuente: http://www.idportodoelmundo.com

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