Cuál Es El Fundamento Bíblico Para Misiones

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Hay más de 5 millares de gente en el mundo. En el año 2000 habrá 6 millares. En el año 2020 habrá 8 millares. Cada día al despertarnos hay 250 mil nuevas personas en este mundo. Algunos fallecieron ayer y otros nacieron. El aumento de los que nacieron sobre los que murieron es de 250 mil cada día. Estamos aquí para considerar la tarea que Dios nos ha dado para llevar el mensaje de la salvación a cada persona del mundo. Hay tanta gente. Miles de millones se quedan esparcidos sobre la faz de la tierra.

I. ¿Dónde viven estos miles de millones?

Comenzamos en Asia. Más del 60% de la población del mundo vive en Asia. En un solo país, la China, hay más de 1 millares de gente. Es verdad, ¡uno en cada cinco en el mundo es chino! Aproximadamente el 15% de la población mundial vive en Europa. Si ha estado en el continente ya sabe usted que la gente europea está empacada en edificios altos con un sin fin de “pisos” pequeños. En el gran continente África vive el 12% de la población del mundo. América Latina tiene aproximadamente 8% de la población del mundo. Norteamérica lleva solamente el 5% de la gente del mundo. Se nota inmediatamente que nosotros que vivimos en las Américas somos pocos en comparación con los que viven en los países del otro lado del mundo. Sin embargo, hay una fuerte presencia del evangelio en las Américas. Por la gracia de Dios hay muchos creyentes evangélicos en el “nuevo mundo”. Aunque Europa llegó a ser el centro del movimiento misionero mundial en siglos pasados, hoy en día hay escasez del evangelio en Italia, Francia, España, o aun en Gran Bretaña. Miles de jóvenes en Europa han dejado las creencias de sus abuelos y de sus padres y andan perdidos. El cristianismo queda en Europa como un fantasma. II. ¿Para dónde van los del mundo? Nos cuesta sentir el impacto de miles de millones de gentes. Cifras no tienen caras. Aun cuando tenemos el privilegio de viajar a otros lugares no es fácil captar el tamaño de este mundo tan grande. Estos lugares en el otro lado de la tierra parecen tan aislados. Quisiera reducir los datos y los lugares en algo que se ve y que se puede sentir. Pido la ayuda de 26 personas. Estas podemos ver y tocar. Se ponen enfrente de nosotros como un gran ejemplo de lo que pasa en el mundo: Cada 10 segundos, 26 personas mueren en este mundo. Nuestros compañeros representan a estos 26 que acaban de morir. 2 de los 26 eran budistas. 4 eran hindúes. 6 de ellos eran musulmanes. 7 eran “cristianos”. Lo pongo entre comillas porque estos dicen que tenían un trasfondo “cristiano” que incluye todo aspecto del cristianismo. 4 de los 7 pertenecían a la Iglesia Católica Romana y 3 de ellos de las iglesias no católicas. 7 de los 26 eran ateos, agnósticos, animistas, o de ninguna religión. Con la identificación que acabamos de poner a las 26 personas, ¿cuántos pasaron al cielo para estar con el Señor? ¿Qué daría usted? ¿Quisiera adivinar? Ahora sí, podemos sentir la necesidad de evangelizar a todo el mundo. Hay que pensar en los que pasan a una eternidad sin Cristo cada 10 segundos. Esta conferencia no es un pasatiempo. Estamos enfocados en algo de suma importancia. Misiones Mundiales queda en el epicentro de todo lo que hagamos y lo que seamos como creyentes renacidos en el Señor y Salvador.

III. La base bíblica de misiones mundiales.

Ya hemos visto al mundo grande de miles de millones de gente esparcidos por toda la tierra con una necesidad espiritual espantosa. Sabemos que Dios quiere que cada persona tenga una relación íntima con él. El hombre es hecho a la semejanza a Dios para que pueda tener comunión con su Creador y para que pueda alabar y honrar a su Padre Celestial.

El propósito de misiones no es sólo salvar a los perdidos. Es para que los salvados puedan alabar a Dios. El propósito divino es que haya adoración de toda nación, de cada tribu, de todo pueblo, y de cada lengua al Rey de reyes y al Dios Omnipotente.

En cada vuelta de la tierra el coro comienza. Los japoneses cantan en los cultos matutinos y de repente los chinos se juntan en alabanza en casas esparcidas por el país. Los redimidos en aislados lugares en los países asiáticos dan sus voces hasta que el remanente de creyentes en Europa se junta con miles de nuevos creyentes en las ciudades y las selvas de África. Brinca la música de isla a isla hasta que llegue al gran coro de América Latina, los Estados Unidos y Canadá.

Cada domingo la alabanza se eleva en dos olas, con cultos de la mañana y de la tarde. Quisiéramos ver más en este gran coro pero por lo menos hay un coro mundial ya. Nos toca alcanzar a más y más hasta que Cristo venga y Dios lance el nuevo cielo y la nueva tierra. La tarea sigue.

A. El origen de las naciones (Gn. 10-12).

El primer mandato de Dios se repite dos veces. A Adán y Eva el Creador dijo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…” (Gn. 1:28). Después del diluvio Dios dijo a Noé y a sus hijos: “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra” (Gn. 9:1).

Así pasó. Salieron esparcidos. Los detalles se encuentran en Génesis 10 que provee la lista de las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. Los hijos de Jafet poblaron las costas “cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones” (Gn. 10:2-5). Los hijos de Cam salieron al sur “por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones” (Gn. 10:6-20). Los hijos de Sem fueron al oriente “por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones” (Gn. 10:21- 31). Hay un resumen: “Estas son las familias de los hijos de Noé por sus descendencias, en sus naciones; y de estos se esparcieron las naciones en la tierra después del diluvio” (Gn. 10:32).

Entonces se encuentra un problema textual. El versículo que sigue dice: “Tenía entonces toda la tierra una sola lengua…” (Gn. 11:1). Habla de distintas lenguas y naciones y de repente dice que había una sola lengua en toda la tierra. ¿Qué pasa? Dios explica cómo se cumplió su mandato repetido dos veces: “Llenad la tierra”. No fue nada bonito, Dios cumplió con su plan a pesar del hombre.

Los hijos de Noé se rebelaron contra lo que Dios había dicho. Se establecieron en una llanura de Sinar y dijeron: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Gn. 11:4). En desobediencia, estos hombres inteligentes inventaron un nuevo proceso con ladrillo quemado y un asfalto como pegamento (Gn. 11:3). Comenzaron su gran torre hacia el cielo. En orgullo pusieron la meta de hacer un nombre para ellos mismos y decidieron no salir sobre la tierra como Dios les había mandado.

Por gracia, Dios descendió para intervenir: “Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua” (Gn. 11:7). “Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad” (Gn. 11:8). La intervención de Dios en la torre de Babel se cuenta como el juicio de lo alto. Así fue. “Babel” viene de la palabra hebrea “balal” que quiere decir “confundir”. Así comenzaron las lenguas distintas y por ello las naciones y distintas culturas que se ven hasta el día de hoy en todo el mundo.

Dios separó el proyecto “Bab El”. Este vocablo tiene otro sentido. Las dos palabras hebreas “Bab El” quieren decir “Portón a Dios” o sea un puerta (Bab) hacia Elohim (El). En eso se encuentra el gran pecado de los descendientes de Noé. Aunque habían visto la mano de Dios salvarles del diluvio, al nomás salir del arca, decidieron desobedecer a su Protector y Salvador.

El juicio de Dios en este caso es una bendición. Por medio de la confusión de lenguas, Jehová “los esparció sobre la faz de toda la tierra” según su plan perfecto (Gn. 11:9).

Entonces Dios llamó a Abram para proveer más bendición todavía. “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre y serás bendición” (Gn. 12:1-2). El plan misionero de Dios no se encuentra en torres construidas por el esfuerzo del hombre hacia arriba. Dios llega desde lo alto para tocar a sus siervos predilectos para ir con su bendición. El hombre no engrandece su nombre delante Dios. Dios engrandece el nombre de su siervo obediente. Dios estorba el proyecto del hombre orgulloso que piensa subir. Al contrario, Dios bendice al hombre obediente a salir.

Por medio de Abram y la nación que de él sale Dios promete bendición, “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:3). Se nota la base bíblica para misiones mundiales aun en los primeros capítulos de la Biblia. Nos toca salir. Debemos pensarlo bien. ¿Estamos dispuestos a dejar nuestra parentela, nuestra casa y nuestra tierra en obediencia al llamamiento de Dios? ¿Estamos listos para compartir las bendiciones que Dios nos ha dado a los que esperan un toque de lo alto?

Abram llegó a ser Abraham, padre de una nación predilecta. Aunque las generaciones después, los judíos, dejaron el plan de traer bendición a todas las familias de la tierra, Dios dio la bendición de nuestro Señor y salvador a través de esta nación desobediente. La gracia de Dios siempre interviene.

B. El alcance de las naciones (Los evangelios).

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo…” (Gálatas 4:4). En medio de la desobediencia de la nación de Israel, Dios preparó el medio de salvación para todo el mundo. El Dios- hombre, nacido de la virgen por el Espíritu Santo, hizo puente entre el hombre pecaminoso y un Dios perfecto.

La salvación no se encuentra en un puente hecho desde la tierra hacia el cielo. Se inicia desde el cielo hacia la tierra. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Y ¿cómo van a recibir este mensaje revolucionario los pecadores del mundo? Dios sigue usando a sus hijos en esta tarea. Dios podría hacerlo muy bien sin nosotros. Sin embargo, por su gracia Dios nos da la comisión de compartir en todo el mundo este mensaje de vida.

En cada Evangelio, Cristo deja instrucciones en cómo hacer esta tarea. La Gran Comisión tiene cuatro partes. Podemos repasar estos pasajes claves que se encuentran al final de cada evangelio. En vez de repasarlos en el orden que se encuentran en la Biblia, seguimos el orden cronológico. C. Yo os envío (Juan 20:21). La palabra “misiones” viene del vocablo latino “mito” que quiere decir “enviar”. El misionero es un enviado. La palabra en griega es “apostelo”. En un sentido cada misionero es un “apóstol” de Cristo. Cristo explicó claramente el proceso: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16-17). Dios nos envía para llevar a todo el mundo su paz (Juan 20:19), su poder (Juan 20:22) y su perdón (Juan 20:23).

Como hemos visto, no se puede alcanzar a los perdidos sin salir. Somos enviados fuera de nuestra casa y la seguridad de nuestra familia, como Cristo salió del cielo en sacrificio para nuestra salvación. Al pensar en lo que Cristo ha hecho, lo que nos toca hacer parece poca cosa.

D. Sois testigos de estas cosas (Lucas 24:48).

Cristo resucitado habló con dos hombres en el camino hacia Emaús. Cuando estos dos le reconocieron, aunque la hora fue muy de noche, ellos corrieron nuevamente a Jerusalén para contar las buenas noticias a los discípulos en el aposento alto. Mientras ellos contaban lo que había pasado, Jesús se puso en medio de todos.

Cristo les dijo: “Estas cosas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24:44- 45).

Es interesante que Cristo no repasara su experiencia de la resurrección. En vez de contar experiencias personales, repasó las Escrituras. Incluye Cristo todo el Antiguo Testamento para que los discípulos comprendiesen. Así hacemos ahora mismo. No me toca contarles un montón de experiencias. Estudiamos la Biblia. Misiones Mundiales se encuentra en toda la Biblia y lo que Dios nos dice, nos toca cumplir. Dios profetizó la salvación. Cristo procuró la salvación. “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46-47). Nos toca proclamar la salvación. “Y vosotros sois testigos de estas cosas” (Lucas 24:48). Es importante notar que hay un mandato aquí. Es un hecho. Somos testigos. Buenos o malos, somos testigos. El doctor Lucas repite el énfasis en el libro de Hechos, “y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

E. Predicad el evangelio (Marcos 16:15).

Somos testigos de Jehová, verdaderos testigos. Pero no es asunto de simplemente dar testimonio por medio de nuestras vidas, aunque sea fundamental. Nos toca proclamar las buenas nuevas. Aunque hay los que ofrecen preguntas sobre los últimos versículos del evangelio de Marcos, este versículo nos da una pasión para misiones. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

La tarea es tan grande como el mundo entero y es tan específico como cada criatura. Se alcanza al mundo persona a persona. Dios no tiene nietos, sólo tiene hijos. Nos toca predicar el evangelio a cada persona en cada generación. La predicación no requiere un púlpito. La palabra “predicar” se puede traducir “proclamar” o “publicar”. Cada creyente debe hablar de las buenas nuevas en Cristo Jesús. Este es el mensaje que puede dar vida a los perdidos. ¿Por qué hablamos del tiempo cuando podemos hablar de Cristo?

F. Id y haced discípulos (Mateo 28:19).

Muchos se fijan en los últimos versículos de Mateo como si fuera la “Gran Comisión”. Ya hemos visto que la gran comisión se incluye en cada evangelio.

Antes de subir nuevamente al cielo, Cristo dejó el mandato que incluye el secreto de alcanzar al mundo entero. Después de asegurarnos que él tiene toda potestad en el cielo y en la tierra, Cristo dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28:19). La meta de salir enviado como testigos de Cristo a predicar el evangelio es hacer discípulos.

El secreto se encuentra en la multiplicación de obreros. Un discípulo es una persona que se reproduce. Cristo dejó unos pocos discípulos. Y estos salieron en una reproducción que ha llegado hasta nosotros. Y ¿cómo se hace discípulos? Hay que ir primero. Nos toca alcanzar a los de afuera. Misiones requieren movimiento. Cristo ya había dicho, “os envío”. Hay que ir a todas las naciones.

Entonces Cristo dijo: “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Hay que arraigar a los nuevos creyentes para que crezcan en las cosas del Señor. El bautismo no es un rito de la iglesia local para que introduzcan nuevos miembros. Es un testimonio del creyente del cambio que ha experimentado e indica que ya pertenece al cuerpo de Cristo. No vuelve atrás. Está arraigado el bautizado en las cosas de Dios. Es un discípulo de Cristo.

Finalmente, Cristo dijo: “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Hay que adiestrar al nuevo discípulo para que cumpla con lo que Dios quiera. El discípulo obedece lo que Dios diga. Hay que enseñar una actitud de obediencia.

Y como una promesa maravillosa, Cristo dijo: “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. No nos deja sin ayuda. Cristo mismo promete estar con nosotros en esta tarea que nos parece imposible. La tarea es imposible si no fuera por la obra milagrosa de Cristo a través de nosotros. La obra misionera es obra de Dios. Pero si no entramos en este plan, perdemos la bendición.

G. El fin de las naciones (Apocalipsis).

No hay ninguna duda. La tarea misionera es una tarea netamente bíblica. No podemos escaparnos de esta responsabilidad y privilegio. Si cumplimos con nuestro deber o no, lo bonito es ver de antemano lo que va a pasar. “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar de todas las naciones, y tribus, y pueblos, y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:9-10).

Podemos hacer lo que queramos o podemos hacer lo que Dios nos ha mandado. Nuestros deseos personales pueden darnos muchas frustraciones y tristezas, aunque algunos digan que vayamos bien. El plan de Dios nos lleva a las bendiciones y el gozo que viene de la mano de lo alto. Meternos en misiones mundiales es algo tan grande como el mundo y tan seguro como la eternidad. Vamos con misiones mundiales. Cumplimos con nuestro deber. Confiamos en él y nos gozamos en las bendiciones múltiples de su voluntad.

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